El posible traslado del Rayo Vallecano a El Plantío, en Burgos, ha encendido el enfado de buena parte de la afición franjirroja, que ve cómo el equipo puede empezar la Liga como local a más de 240 kilómetros de Vallecas.

Mientras siguen abiertas las actuaciones urgentes en el Estadio de Vallecas y continúa el pulso entre el club y la Comunidad de Madrid por el acceso al recinto, la opción de jugar en Burgos gana fuerza y deja al barrio ante un arranque de temporada lleno de incertidumbre.

Afición del Rayo ante el posible traslado temporal de los partidos a Burgos

Un inicio de Liga lejos de casa

La posibilidad de disputar los partidos de local en El Plantío supondría desplazar la rutina de miles de abonados y peñas hasta unos 243 kilómetros de Vallecas. El primer encuentro afectado sería, en principio, el Rayo-Alavés previsto para el 20 de agosto, una fecha que la propia Comunidad de Madrid considera muy difícil para el estadio vallecano si se confirman parte de las deficiencias detectadas en la auditoría técnica.

La crisis no se limita al calendario. En Vallecas pesa también el simbolismo de sacar al equipo de su barrio en un momento especialmente delicado, con el estadio clausurado de forma cautelar y con una discusión abierta sobre el mantenimiento del recinto y las responsabilidades del club.

Leganés sigue sobre la mesa

Durante los últimos días se han barajado alternativas dentro de la región, con Leganés como opción más repetida. Este lunes, el consejero Mariano de Paco volvió a pedir al Rayo que intente mantenerse en la Comunidad de Madrid e incluso deslizó apoyo económico para explorar esa vía antes de consolidar una salida fuera de Madrid.

La reunión entre la Comunidad y el presidente del club, Raúl Martín Presa, dejó al menos un compromiso: abrir este martes el Estadio de Vallecas para permitir la entrada de los técnicos autonómicos. Ese paso puede rebajar el choque institucional, pero no resuelve de inmediato dónde jugará el equipo sus primeros partidos como local.

La grada responde con enfado

En paralelo, el rechazo de la grada sigue creciendo. La perspectiva de tener que recorrer más de doscientos kilómetros para asistir a encuentros de casa ha disparado las críticas entre peñas y aficionados, que interpretan la medida como un nuevo golpe a una hinchada ya castigada por la situación del estadio.

Ese malestar se ha traducido incluso en propuestas de plantón en El Plantío como forma de protesta. En Vallecas la sensación es clara: bastante castigo supone perder temporalmente el estadio como para que, además, seguir al Rayo obligue a una excursión por carretera cada vez que toque jugar como local.